El día mundial del
Libro fue instaurado el día 23 abril recordando justamente el día en el que
murieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega y por
la fecha de nacimiento de Maurice Dreno, K. Laxes, Vladimir Nabocoy, Joseph Pla
y Manuel Mejía Vallejo, prominentes autores también.
Fue así como se
eligió la fecha por parte de la UNESCO
con el objetivo de promover la lectura, la industria editorial pero
también la propiedad intelectual a través del derecho de autor, “animando a
todo el mundo, y en especial a los jóvenes, a descubrir el placer de la lectura
y a respetar la insustituible colaboración de los autores al progreso social y
cultural”.
Una novela que en
los últimos tiempos llamó mi atención, porque refleja el sentimiento y
aportación de las mujeres, es “Las Mujeres del Alba” escrito por Carlos
Montemayor y publicada después de su muerte.
A un año justo de
su muerte, con la publicación de Las Mujeres del Alba, el autor cumple la promesa que en vida hizo, cuando al
presentar otro de sus libros Las armas del alba, se le cuestionaba “que en ninguna de sus
partes se miraban las mujeres” y se comprometió a escribir otro libro dedicado
a las mujeres de esos guerrilleros; en toda su lectura subyace el papel que
asumen las mujeres, cuando de defender sus causas se trata.
Esta novela es de
obligada lectura para todas las autoridades; de
todos los niveles pero especialmente para aquellas del gobierno federal
panista, empezando por el Presidente de la República, los partidos
políticos, pero también, por la sociedad en su conjunto de manera que visualicen
las reacciones que se provoca en las mujeres cuando son perseguidas,
criminalizadas y hasta asesinadas.
Las mujeres del
Alba nos
traslada a conocer las historias de vida de personajes femeninos que
encarnan y dan voz a Herculana, Monserrat la madre, Albertina, Monserrat la hija, Estela la
esposa, Carmen, Lupe, Esperanza, Alma la madre, Alma la hija, Paquita, Irene,
Estela la hermana, Águeda, Nohemí, Bertha;
madres, hijas, esposas, hermanas, amigas de aquellos hombres que se
unieron a una lucha social que dio
origen a los movimientos armados del México contemporáneo, en la década de los
setentas.
Mujeres que nos narran sus sentimientos, sus preocupaciones,
sus fortalezas para enfrentar la muerte de sus familiares. Cómo el miedo a la muerte en lugar de frenarlas les daba más furia y
más orgullo; cómo vivían su duelo,
muchas veces sin verlo, porque no sabían a donde se llevaban a sus familiares,
pero sabían que estaban muertos; cómo no permitían que las vieran llorar, cómo
guardaban su dolor ante sus hijos y no se dejaban derrumbar; muestran también, cómo los acompañaban en sus
vidas para infundirles vigor, cómo se amaban y se demostraban amor; y cómo después
enfrentaban las persecuciones en su contra.
Todas ellas mujeres
con plena conciencia que desde su vínculo con los seres queridos
silenciosamente, solidariamente apoyaban a quienes ofrendaban sus vidas por
defender su causa.
Por ello rescato
esta lectura en la que una vez más, la acción de las mujeres se hace presente,
como lo fue en el movimiento de la independencia y de la revolución
mexicana; como lo es en estas luchas
sociales del México contemporáneo, narradas excepcionalmente por Carlos Montemayor;
luchas sociales que son actuales, si tomamos como referente, a las mujeres
víctimas de la “guerra” en contra del narcotráfico, que exigen justicia para
sus muertos o aquellas mujeres que hoy, son criminalizadas por ejercer sus
derechos, que permiten reconocer las luchas históricas de muchas mujeres, que
ven violados sus derechos humanos, y arriesgan y pierden sus vidas, después de
perder la de sus hijos e hijas, sin temer a la muerte y demostrando que a veces con plena conciencia y a veces de
manera espontánea e intuitiva, enfrentan.
El libro de una
lectura fácil con la excepcional pluma de Carlos Montemayor, demuestra que,
entonces, las mujeres difícilmente pueden ser frenadas y que en la mayoría de
las veces, cada una de nuestras historias de vida, nos da más fuerza y orgullo.
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