San
José, Costa Rica, fue el lugar donde se acogió una propuesta de la Red de Salud
de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe para instaurar un día de acción en
torno a la salud de las mujeres, para visibilizar sus principales
problemáticas.
Luego
del V Encuentro Internacional Mujer y Salud (1987), se acordó que dicha
conmemoración se realizaría cada 28 de mayo, desarrollando jornadas de acción e
información.
Desde
entonces, dieron inicio las de campañas
de activismo para promover, defender y exigir el derecho humano a la salud para
todas las mujeres, en su más amplia diversidad, y se han realizado en todas las
regiones.
La lucha continúa. En aquella época, el tema central era impulsar
acciones de prevención sobre mortalidad y morbilidad materna, producto de una
realidad que entonces prevalecía: más de 500 mil mujeres morían por causas
relacionadas con el embarazo, parto, puerperio y aborto inseguro. Hoy esta
condición no ha logrado erradicarse.
Y en virtud de que el derecho a la salud sexual y reproductiva de
las mujeres sin duda toca también, una serie de violaciones que
correlativamente se dan a los derechos humanos de las mujeres; la Conferencia Mundial sobre Población y
Desarrollo de El Cairo, amplió la agenda del movimiento de mujeres,
estableciendo dos principios básicos: la atención a la salud sexual y
reproductiva, y el derecho a la autodeterminación sexual y reproductiva de las
mujeres.
Por ello en este año la Red
de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, RSMLAC, ha lanzado un
llamado para promover y defender la salud y derechos humanos de las mujeres, en
especial sus derechos sexuales y sus derechos reproductivos, con la decisión de
“re-politizar su enfoque y demandas y convoca a una jornada de reflexión y
re-politización de objetivos de acción”,
analizando, entre otras, las siguientes problemáticas prioritarias:
“Persistencia de altas tasas de muertes maternas vinculadas a
déficit en la atención de la salud reproductiva a causa de la desestabilización
de los servicios básicos y la debilidad del papel del Estado como garante de
los mismos, que se traducen en: baja cobertura, mala calidad de servicios,
inequidad en el acceso, escasez de suministros esenciales, etc. Hoy las estadísticas
reconocen cerca de 23 mil muertes maternas anuales en países de América Latina
y el Caribe, siendo el aborto inseguro una de las causas principales. Esto no
se puede desligar tampoco, de los índices de pobreza que crecen
escandalosamente y tienen un impacto directo en la salud de las mujeres las
más pobres entre los pobres, y tampoco de las distintas expresiones de
violencia sexista”.
“La penalización del aborto inducido y potenciación del discurso
fundamentalista contrario a la libre opción. El aborto clandestino y, por ende,
riesgoso, es una realidad cotidiana, calculándose que una de cada 4 muertes
maternas corresponde a complicaciones del aborto. Es inaceptable que las
mujeres, especialmente las más pobres y las adolescentes, continúen enfrentadas
a legislaciones punitivas, arriesguen sus vidas y sean condenadas socialmente
cuando desean ejercer su autonomía sexual y reproductiva”.
“Restricciones en el acceso a servicios y suministros esenciales
de salud sexual y reproductiva, tanto por disminución del flujo de donantes, el
control de las empresas farmacéuticas trasnacionales, como por presiones
ideológicas y religiosas, generando demanda insatisfecha de anticoncepción
(incluyendo la anticoncepción de emergencia), y de prevención y tratamiento de
ITS/VIH/SIDA, entre otros”.
“Ausencia de políticas públicas sensibles a la equidad de género
en salud, y en otros casos la obstaculización de las mismas por parte de
sectores fundamentalistas, en especial, desde la Iglesia Católica, la que
insiste en erigirse como autoridad moral sobre la intimidad de las personas,
incluso de quienes profesan otros credos o ninguno. Todo lo cual coloca en
entredicho la vigencia del Estado Laico como condición esencial para la
democracia”.
“Vacío jurídico en los países respecto del reconocimiento legal de
los derechos sexuales y los derechos reproductivos y de la garantía de su
ejercicio para todas las personas sin discriminación y, en consecuencia,
incoherencia entre las legislaciones nacionales y el sistema internacional de
protección de los derechos humanos. Esto dificulta su exigibilidad y la
integralidad de su ejercicio”.
Hoy sin duda se hace necesario reconocer que la salud de las
mujeres responde a una multiplicidad de factores que trascienden los
biológicos, el desafío es, ser capaces de reformular estrategias,
articulaciones, discursos y tener la capacidad de incidir frente a una realidad
intolerable.
Abrir la puerta a mayores avances y desarrollos para hacer de la
salud y de los derechos sexuales y los
derechos reproductivos una realidad en la vida de las mujeres, todavía continúa
inconclusa.
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