“El país de Uno” es
un libro de obligada lectura, su autora Denise Dresser, logra plasmar una serie
de elementos, sin duda críticos, que permiten reflexionar acerca de la
situación actual de nuestro país.
Sin embargo, nos va
llevando en su narración a la idea que ella misma sostiene de “Mirar a México
con más honestidad”, lograrlo sin duda, es una tarea enorme, pero no podemos
decir que sea imposible, requiere del compromiso de todos y todas ciudadanos y
ciudadanas, requiere de “sacudir conciencias” de una “convicción inquebrantable
de mejorar a México” y de “contribuir a la construcción de ciudadanía”.
Pero requiere también de “(…) creer para
entender, Hay que creer para actuar. Hay que creer porque si se abdica a ello,
los hombres se vuelven pequeños” “(…)
Porque frente a todos los motivos para cerrar los ojos están todos los motivos
para abrirlos. Frente a las razones para perder el ánimo están todas las
razones para recuperarlo” porque “México es el país de uno. El país nuestro.
Ahora y siempre”.
Así desde el corazón
la autora nos va llevando a retomar nuestros deberes, nos va llevando al
objetivo primario: creer y actuar.
Y en este sentido, me
parece que hoy en México es un buen momento para dar un gran paso. El momento
político actual nos permite reflexionar en torno a propuestas y compromisos.
Nos permite decidir hacia donde queremos transitar en el México de hoy.
Y me parece como
elemento fundamental, el análisis de fondo,
de los mensajes que hemos escuchado de quienes hoy contienden, para
justamente mirar hacia el futuro y no al pasado.
Y uno que es base
para visualizar el sistema político que se propone para México y que me
preocupa y por ello lo retomo, es la constante referencia del candidato Andrés
Manuel López Obrador a la “democracia participativa” y recuerdo los análisis de
expertos en torno al tema, refiriéndose a una serie de elementos que permiten
diferenciar lo que muchos llaman “la democracia antigua” de la “democracia
moderna”.
Alain de Benoist en
un análisis publicado refiere “Los defensores de todo tipo de régimen gustan
decir que lo suyo es la democracia” fenómeno nada reciente, remontándose a 1849
y lo escrito por Guizot “tan poderoso es el atractivo de la democracia, que
ningún gobierno o partido desea existir sin inscribir esta palabra en su
bandera”.
Incluso va más allá
al escribir “No todos son demócratas, pero todos pretenden serlo. No existe
ninguna dictadura que no se considere como una democracia. Incluso los antiguos
países comunistas del Este de Europa no solo se describían como democráticos
según sus constituciones, sino que se presentaban como las únicas democracias
reales frente a las democracias “formales” de Occidente”.
Dicen los estudiosos
del tema que si deseamos hablar de ello, debemos regresar a la democracia
griega. La comparación entre democracias antiguas y modernas, está en que las
primeras eran democracias directas, mientras que las segundas son democracias
representativas, sin olvidar que aún en Atenas, los esclavos eran excluidos de
la democracia ateniense, de manera que no era tan democrática entonces.
Y esto sin duda tiene
que ver con lo amplio de los territorios y las poblaciones –como hoy sucede en
nuestro país- de ahí que me parece tener
cuidado, mucho cuidado con propuestas que podrían significar retrocesos; bien
señala Giovanni Sartori “durante milenios el régimen político óptimo se
denominó república y no democracia (…)”
incluso la Revolución Francesa se refiere a un ideal republicano.
De ahí que cuando se
habla de democracia no podemos irnos como la manejan los “demagogos”. La
democracia es un “estadio superior” en los regímenes políticos.
Se imaginan en México
convocar todos los días a l@s ciudadanos para ¿decidir asuntos de la
cotidianidad?
En el libro “Liberalismo y democracia” Norberto
Bobbio menciona “Nosotros ya no podemos gozar de la libertad de los antiguos,
que estaba constituida por la participación activa y constante en el poder
colectivo. Nuestra libertad en cambio debe estar constituida por el gozo
pacífico de la independencia privada”
El pensamiento
político griego sin duda, nos legó formas de gobierno entre las cuales se
encuentra la democracia, traducida como el gobierno del pueblo, el sentido no
ha cambiado. “Lo que se considera que cambió en el paso de la democracia de los
antiguos a la democracia de los modernos, por lo menos a quienes consideran
útil esta contraposición, no es el titular del poder político, que siempre es
el “pueblo”, entendido como el conjunto de ciudadanos a los que toca en última
instancia el derecho de tomar las decisiones colectivas, sino la manera, amplia
o restringida, de ejercer este derecho, en los mismos años en los que mediante
las Declaraciones de los derechos nace el Estado Constitucional moderno”.
Por ello en el proceso
de construcción de ciudadanía, y en este momento político-electoral en
México, es necesario reflexionar en
torno a estos temas fundamentales, para, justamente mirar hacia el futuro y no
al pasado; hay, como señala Denise Dresser
“Mirar a México con más honestidad”.
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