Sin duda la
Independencia de México es un hecho histórico que nos une a l@s mexican@s por
encima de nuestra pluralidad. Cada año se reconstruye en esta fecha, un
sentimiento de pertenencia nacional.
Y aún, cuando en
nuestros días, no es alrededor de una taza de “chocolate muy refinado” -gusto
permanente de Dn Miguel Hidalgo- como en aquella madrugada del 16 de septiembre
en que Hidalgo rodeado de los conspiradores llevaron a cabo las deliberaciones para decidir
el plan a seguir, esta fecha, sin duda, nos reúne a l@s mexican@s, en torno a l@s mexicanos.
Haciendo a un lado
el uso político que se le ha dado a la fecha, es importante destacar, el
esfuerzo que han realizado desde hace algunas décadas much@s especialistas, en
un movimiento revisionista, que ha permitido abrir nuevos caminos a la
historiografía de la Independencia.
Una de ellas es la
Dra. Alicia Tecuanhuey, que en su libro La
Formación del Consenso por la Independencia. Lógica de la ruptura del Juramento.
Puebla 1810-1821, contribuye en el estudio de este movimiento “desde las
fuerzas políticas en Puebla, que actuaron dentro de la capital provincial y en
la provincia”.
Investigación de
obligada lectura que se ocupa del caso de Puebla, desde el Grito de Dolores
hasta la consumación de la Independencia bajo el liderazgo de Agustín de
Iturbide. Y que es una pieza desde lo
regional, -como ella lo escribe- de ese gran rompecabezas cuya dimensión rebasa
los límites de Puebla y del Estado de Mexicano.
Las políticas
militar y fiscal de la monarquía española, que tendían a conformar un Estado-Nación
unificado y potente a través de la sujeción a un vértice: La Corona de Castilla
y Aragón; formularon la idea de que los ministros del Rey obraban como un “mal
gobierno”, lo que aunado a los efectos políticos que tuvieron las abdicaciones
de Bayona de los reyes españoles en 1808, dieron lugar a una “verdadera crisis
revolucionaria inesperada e inédita que abarcó a toda la monarquía española y
que tuvo irradiación en los reinos peninsulares y en las posesiones americanas
con desiguales ritmos”.
El malestar, se
expresa claramente, en la consigna de Hidalgo “¡Muera el Mal Gobierno!”,
acompañada por la reivindicación americanista “¡Viva la Virgen de Guadalupe!” y
la expresión fidelista “¡Viva Fernando VII!” -sostiene la autora- que también
nos ilustra, en que la lucha insurgente
no derivó directamente en la consumación de la Independencia, ni ella por sí
misma logró allegarse de la mayoría de simpatías; para lograrlo, hubo que
encarar difíciles problemas y llegar a consensos de las élites; y en esa
coyuntura, se encontraba Puebla, que en la víspera del Grito de Dolores, la
“ciudad y la provincia parecían estar en calma y al margen de manifestaciones
de inconformidad contra las autoridades de la tambaleante monarquía española”.
Narra la autora que
días antes el nuevo virrey, Francisco Javier Venegas, pasó por la ciudad y fue
recibido por el obispo Manuel Ignacio González del Campillo y el intendente
Manuel de Flon Conde de la Cadena, ésta reunión, con los gobiernos espiritual y
civil de nuestra provincia, reafirmó el leal apoyo y colaboración a la
monarquía española.
En este contexto se
entiende la forma del cómo, los distintos núcleos de poblanos fueron formando
parte del consenso favorable a la Independencia, aún cuando la población era
“mayoritariamente fidelista y anti insurgente” y como poco a poco fue
desvinculándose de la metrópoli española y enfrentando rupturas
“revolucionarias en el nivel de las mentalidades y arriesgando procesos de
integración social” que permitieron que Puebla abandonara la mayoritaria
lealtad a la monarquía española y a los reyes de la dinastía borbona.
En 230 páginas, la
autora nos va mostrando el proceso que se siguió para llegar después de diez
años de discusiones de la opinión
pública poblana y los diferentes pronunciamientos del Ayuntamiento
Constitucional y la junta electoral, a mayo de 1820 y formar el consenso por la
Independencia, formalizar el 21 de septiembre de 1821 la Diputación Provincial
de la Puebla de los Angeles; y lograr que el gobierno espiritual en voz de
obispo Pérez en su prédica justificara “a la Independencia en términos de
devolución de la libertad que le concedió la naturaleza y, -en referencia a su
consumación- señalar que, no derivó más que de las “misericordias del Altísimo”.
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