Desde 1953 en que
fue instaurada, se entrega cada año la
Medalla Belisario Domínguez en el Senado
de la República para “premiar a hombres y mujeres mexicanos que se hayan
distinguido por su ciencia o su virtud en
grado eminente, como servidores de nuestra Patria o de la Humanidad”
Desde su
instauración ésta máxima condecoración ha sido entregada a 60 destacados
mexicanos, de los cuales 5 han sido mujeres: Rosaura Zapata (1954), María
Hernández Zarco (1963), María Cámara Vales Vda. De Pino Suárez (1969), Maria Lavalle Urbina (1985), Griselda
Álvarez (1996).
Pero en muchas
ocasiones se desconoce a qué se debe que ésta medalla lleve el nombre de
Belisario Domínguez y porqué fue creada en el Senado de la República en Decreto
del 3 de enero de 1953, enviado por el entonces presidente Adolfo Ruiz
Cortines.
Belisario
Domínguez, chiapaneco de origen. Médico de profesión, era Senador de la
República, justo cuando Victoriano Huerta “usurpa el poder ejecutivo” iniciando
con ello, una serie de acontecimientos considerados por especialistas como “uno
de los períodos más confusos y turbios de nuestra historia”. El Senador Dr.
Belisario Domínguez, exigió la lectura en sesión del Senado de dos discursos
(23 y 29 de septiembre de 1913) que ninguna imprenta quiso publicar, solamente
una joven la Srita. Maria Hernández Zarco; y ningún medio de comunicación quiso difundir; en
los que expresaba muy claramente su indignación con claridad, pero con una gran
contundencia, en contra del actuar de
Victoriano Huerta, en una de sus partes expresaba:
“ (…)Durante el gobierno de don Victoriano Huerta, no solamente no se ha
hecho nada en bien de la pacificación del país, sino que la situación actual de
la república es infinitamente peor que antes: La Revolución se ha extendido en
casi todos los Estados: Muchas Naciones, antes buenas amigas de México, rehúsanse
a reconocer su gobierno, por ilegal; nuestra moneda encuéntrase despreciada en
el extranjero; nuestro crédito en agonía; la prensa entera de la República
amordazada o cobardemente vendida al gobierno y ocultando sistemáticamente la
verdad; nuestros campos abandonados; muchos pueblos arrasados y por último, el
hambre y la miseria en todas sus formas amenazan extenderse rápidamente en toda
la superficie de nuestra infortunada Patria (…)”.
Y convoca a esa Representación Nacional a cumplir con su deber y “(…) deponer
de la Presidencia de la República a D. Victoriano Huerta” (…) “La Patria os
exige que cumpláis con vuestro deber aún con el peligro y aún con la seguridad
de perder la existencia (…)”.
Y eso fue justamente lo que le sucedió a Belisario Domínguez. En represalia policías federales lo
aprehendieron y en el cementerio de Xoco, en Coyoacán lo asesinaron y
sepultaron su cadáver, algunos biógrafos
señalan que le fue cortada la lengua para ser entregada a Victoriano Huerta.
El Senado reaccionó declarándose en
sesión permanente hasta conocer el resultado de la investigación urgente que se
exigió a Victoriano Huerta. La muerte del doctor Belisario Domínguez contribuyó
a la caída del tirano Huerta. En honor a este mártir de la democracia en México
la medalla lleva su nombre.
En esta semana recibe la medalla post
mortem Ernesto de la Peña Muñoz, escritor, lingüista, políglota, académico,
humanista, filólogo,
traductor y promotor cultural mexicano, que dominaba 33 lenguas y era miembro
de número de la Academia Mexicana de la Lengua, todo un erudito mexicano,
que obtuvo en vida un sinnúmero de premios y que sin duda tiene el grado
eminente para recibir ésta medalla.
Ernesto de la Peña, en un discurso pronunciado en 2007 expresaba (…) Todo ser humano lleva
dentro de sí, por censurable o vil que sea, una zona de verdad, de luminosidad
de trascendencia. Poca trascendencia tendrían mis esfuerzos en el terreno
literario si no pretendieran encontrar eco y respuesta entre los jóvenes. Jamás
he de olvidar el ejemplo amable, sabio y bondadoso de Alfonso Reyes, uno de los
humanistas más cabales de nuestro México (…) de una prosa elegante y temperamento
jovial. Para Don Alfonso la cultura era un festín inagotable y aleccionador. Comulgo cabalmente con esta
idea y nada me sería más grato que sembrarla en las jóvenes generaciones: no
hay imaginación ni realidad virtual que sobrepase los vuelos de la creación
intelectual”
Belisario
Domínguez en ese memorable discurso del 29 de septiembre de 1913 escribió al final del documento una nota: "Nota:
Urge que el pueblo mexicano conozca este discurso para que apoye a la
Representación Nacional; y no pudiendo disponer de ninguna imprenta, recomiendo
a todo el que lo lea que saque cinco o más copias, insertando también esta nota
y las distribuya a sus amigos y conocidos de la capital y de los Estados.
¡Ojalá hubiera un impresor honrado y sin miedo!"
A décadas
de distancia de este hecho histórico, el gran humanista Ernesto de la
Peña, días antes de
fallecer -10 de septiembre- expresó en una conferencia en el Colegio de
México: “Es una realidad, para desgracia de todos,
invadida por el crimen, por la corrupción, la lenidad, la inseguridad, por
crisis económicas, por disensiones de partido. No creo recordar un sólo momento
de crisis más grave que la actual”.
Belisario Domínguez, Ernesto de la Peña, dos hombres, dos épocas y ambos
sin duda, en grado eminente, “servidores de nuestra Patria”.
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