Un capítulo de nuestra
historia, que nos permite revalorar históricamente el papel de las mujeres
revolucionarias de Puebla en el movimiento social de 1910, es justamente el
episodio protagonizado por Doña Carmen Serdán Alatriste.
Para comprender la magnitud
del acto heroico de Carmen es necesario regresar la mirada al contexto social
en el que Carmen y las mujeres de principios del Siglo XX vivieron, y
reconstruir la historia en un tiempo en el que la responsabilidad política, era
cosa de hombres.
De ahí su importancia,
incluso para
rescatar el pensamiento y acción de las mujeres poblanas de esa época.
Carmen Serdán era la
mayor de tres hermanos: Aquiles, Natalia y Máximo; fue cabeza
de un grupo de arriesgadas mujeres entre las que se encontraban su
madre, doña Carmen Serdán Alatriste; su hermana, Natalia Serdán; Filomena Del
Valle, cuñada y esposa de Aquiles y las hermanas Guadalupe, Rosa y María
Narváez Bautista, conocidas como las socias de Carmen Serdán. Todas ellas,
inteligentes y audaces damas de la sociedad poblana.
Su presencia en el
movimiento revolucionario fue definitiva para que estallara la Revolución en el
sitio de Puebla, pero también para que las ideas maderistas de no reelección se
extendieran no solo en nuestra entidad poblana, también en otras regiones del
país gracias a las cartas y correos de los clubes feministas.
Carmen hereda las
ideas libertarias de su abuelo, don Miguel Cástulo Alatriste, gobernador de Puebla en dos periodos, aliado
de Benito Juárez, recordado por su lealtad a la patria al momento de ser
fusilado: “Tiren con valor que muero por mi patria”, frase que a Carmen le gusta
repetir entre sus amigas. Su padre, Manuel Serdán, redactor de La ley
del pueblo, que constituye el primer plan de reforma agraria para el país,
hecho que le causa la cárcel y varias
persecuciones. Para Carmen, La Ley
del pueblo es una lectura de su
infancia, la cual casi repite de memoria.
Carmen Serdán participa de las ideas de los
hermanos Flores Magón, quienes desde su trinchera, en el periódico Regeneración,
logran trasmitir principios anti reeleccionistas entre sus seguidores y difundir la corrupción
del gobierno de Porfirio Díaz. Carmen y Aquiles comparten las ideas de los
Flores Magón y colaboran con algunos artículos publicados también en El hijo
del Ahuizote y en el Diario del
Hogar.
La casa de Santa Clara –donde para entonces
ya vivían- se convierte en un verdadero centro de debates y discusión política.
Carmen organiza sesiones y encuentros con intelectuales liberales; crea uno de
los primeros clubes anti reeleccionistas de la época, y se dedica a leer todos los diarios de la
oposición para tener un conocimiento de quienes son los personajes de la
política mexicana enemigos de la libertad y del cambio de régimen presidencial.
Funda y forma parte de la Junta
Revolucionaria de Puebla.
Documentos en el Museo Nacional de Historia y en el Archivo
General de la Nació, muestran su
militancia durante los primeros años del movimiento, y confirman su
participación como precursora del movimiento armado de 1910.
En mayo de 1910, Madero
visita Puebla. Aquiles y Carmen Serdán son los anfitriones. Con ayuda de su
madre, su hermana y su cuñada, así como de las hermanas Guadalupe, Rosa y María
Bautista Narváez, “las socias” organizan la recepción a Madero y le presenta al grupo de mujeres poblanas que
lo apoya.
Madero expresa su plan para la Presidencia
una vez derrotado Díaz. Al ser interrogado por las mujeres, sobre sus
ideas para las mujeres, Madero se
expresa con total libertad y expone que dentro de este plan se encuentran
planteamientos de equidad para las mujeres, cosa que entusiasma a todas las damas.
Habla de la igualdad en el trabajo y en la remuneración, pero también queda muy
impresionado de la formación política de Carmen y de este grupo de mujeres, al
cual se une posteriormente su esposa Sara Pérez de Madero, otra activa mujer
revolucionaria.
Acercada la fecha en la que se definía el
Inicio de la Revolución mexicana el 20 de noviembre, Francisco I. Madero es
descubierto por los partidarios de Díaz, viaja a San Antonio Texas junto con Aquiles y otros
seguidores. Carmen a encargo de los revolucionarios, viaja a
Estados Unidos para encontrarse con su hermano Aquiles y con Francisco I.
Madero e informarles de las gestiones y avances de la conspiración. Les lleva información y dinero
para regresar a México.
Carmen para entonces ya encabeza la organización de la rebelión planeada para el 20 de
noviembre, inventa un lenguaje en clave para comunicarse con Aquiles en San
Antonio. Mensajes cifrados y escritos en diferentes diarios con el seudónimo Marcos
Serrato.
Es poco conocido en la historia que en ese periodo de altísimo
riesgo para los rebeldes, las mujeres del Club Femenil toman por su cuenta las
actividades y preparativos de guerra,
porque los hombres son vigilados por el ejército federal y la policía
del gobernador Mucio Martínez.
Así, las Serdán y las Bautista Narváez llevan propaganda, difunden
el Plan de San Luis, ocultan las armas, ordenan la fabricación de bombas
compran y distribuyen municiones y pólvora entre los seguidores.
El 17 de noviembre de 1910, el gobernador de
Puebla Mucio Martínez, recibe informes de que Madero ha llamado a sus seguidores
para que inicien la revuelta, ordena que a la mañana siguiente se realice un
cateo en la casa de los Serdán para
detenerlos vivos o muertos. Ese mismo día Aquiles Serdán reúne a sus seguidores
y propone adelantarse a la fecha establecida. En la mañana del 18 de noviembre,
treinta policías al mando del general Cabrera, y del mayor Fregoso pretenden
penetrar por fuerza a la casa de los Serdán. Ella, Aquiles y otros aliados en el interior
de la casa y su hermano Máximo en la azotea, hacen frente al ataque de la
policía armada.
Aquiles, a petición de las mujeres de su
familia, se esconde en el sótano y ellas hacen frente al ataque armado. Carmen
encabeza la estrategia de defensa y sale al balcón, con el rifle en la mano, a
rechazar cualquier intención de sometimiento. “Más vale morir combatiendo” son
sus palabras al disparar e invitar a la gente a unirse a la revolución. Una
bala alcanza a herirla en la espalda, pero ella la ignora.
Tras una noche de combate,
las mujeres Serdán son hechas prisioneras y Aquiles permanece en su escondite
por otras largas horas mientras su esposa, su madre y sus hermanas son llevadas
a prisión, donde permanecen por seis meses.
Estallada la
revolución y muertos sus hermanos Aquiles y Máximo, Carmen se convierte en una
activa organizadora de las juntas revolucionarias de Puebla para continuar con
la lucha, participa en la Revolución, distribuyó armas, fue correo a favor del movimiento e
imprimió proclamas, sostiene entrevistas con Venustiano Carranza.
Posteriormente se incorporó como enfermera en los hospitales de las fuerzas
combatientes.
Después de una larga vida de
lucha, al triunfo del constitucionalismo Carmen Serdán se retira a la vida
privada en Puebla y
muere en la ciudad de México el 21 de
agosto de 1948, a la edad de 73 años. El
mejor legado de Carmen son sus escritos, sus reflexiones y su vida como el
testimonio revolucionario de una mujer adelantada a su tiempo.
A 102 años de este suceso histórico, estamos a la víspera de un nuevo
período en la vida nacional. Otras son las realidades nacionales, ello sin duda
dará paso a una recomposición social y un reacomodo del tejido sociopolítico
mexicano, y ahí, las mujeres desde todas nuestras trincheras, como ha sido a lo
largo de la construcción de nuestro país, estaremos presentes.
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