He participado en
asambleas nacionales del PRI desde la XI, es decir, desde la década de los
80as. En las primeras como militante-delegada fraternal, en otras ya como
delegada y en las últimas, como delegada integrante de algunas de las
Comisiones de Estudio y Dictamen. En esta última la XXI Asamblea Nacional que
concluyó trabajos el fin de semana, en la Comisión Nacional de Dictamen de la
Mesa de Estatutos.
Esta experiencia, me ha
permitido dar cuenta de que cada una de ellas, ha respondido, en su momento, a
los diversos contextos políticos en las que han sido convocadas, pero todas,
forman parte de la historia de este partido político nacional.
Hace poco, el hoy
Secretario de Organización del CEN del PRI José Encarnación Alfaro, publicó un
análisis de las Asambleas Nacionales del PRI del período 1979-2008, este
análisis, nos permite entender las particularidades de cada una; desde aquellas
en que se conocía acerca de temas fundamentales para el país, hasta aquellas
que fueron una refundación estructural del PRI; resaltando también las que
ideológicamente se dieron, pasando a la doctrina del liberalismo social, que
sustituyó al nacionalismo revolucionario y llegando a inscribirlo en la
corriente de la social-democracia.
Así pues, en las Asambleas
Nacionales se conocía, de la postulación de candidatos a la presidencia de la
República, de la reforma política de la década de los 70as; se analizaban los
informes de los presidentes de la República, se elegían o ratificaban las
dirigencias nacionales; se aplaudía el surgimiento de México como país
petrolero; pero también se debatía sobre las crisis económicas y sus impactos;
sobre la nacionalización de la banca; de la exigencia de democratización
interna, que introdujo la consulta a la base para la selección de candidat@s y
después para los dirigentes; sin olvidar la reivindicación de las causas
sociales, la transformación en distintos momentos de la organización de las
mujeres y jóvenes, la creación de las
distintas categorías: miembros, militantes, cuadros y dirigentes, el
surgimiento del Consejo Político
Nacional, de la Comisión Política Permanente, Comisión de Procesos Internos, la
derrota electoral del 2000; en fin, muchos más, que demuestran la vigencia permanente del PRI, desde 1929.
La historiadora Alicia
Tecuanhuey, en un Foro de Análisis “El
PRI: el trasfondo de los retos del siglo XXI” organizado por la Fundación
Colosio en 2006, convocado, justamente para analizar esa etapa difícil del PRI
y de México, durante los gobiernos federales panistas; refería “No hay duda de que la mayoría de los
analistas europeos y norteamericanos en el pasado reciente y en el lejano han
sentido un gran respeto por el sistema político pos revolucionario que el PRI
contribuyó a sostener y reproducir durante setenta años hasta que perdió la
hegemonía en el 2000” y abundaba “Este sistema había logrado impulsar el
crecimiento económico, la estabilidad política y también había dado cuenta de
tener capacidad para dosificar el cambio y absorber el conflicto social y
político en México” en contraste con lo que entonces ocurría en otros países
latinoamericanos; hasta que el modelo se agotó, viene un momento de ruptura y
se pierde la presidencia de la República en dos ocasiones.
Y en ese mismo análisis de
la Dra. Tecuanhuey mencionó la necesidad de transformación del PRI que -dijo-
“impone combatir sus propios mitos y reorientar tanto su organización como su
papel en el México contemporáneo (…) el PRI se enfrenta ante el reto de
adecuarse como un partido moderno y eficaz para concurrir a la competencia por
el poder disputado (…)”
Doce años pasaron en los
que el PRI no fue gobierno y hoy, habiendo recuperado la Presidencia de México
“Triunfamos sin triunfalismo; ganamos sin derrotar a nadie; recuperamos la
presidencia sin arrebatos de fuerza”; el PRI se alistó a iniciar el proceso de
renovación combatiendo nuestros propios mitos y reorientando nuestra
organización, en ese gran reto de adecuarse como un partido moderno “hacer más
sencilla, ágil y abierta la vida interna, para que el partido sea más eficaz,
además, actualizamos nuestra posición respecto a los grandes retos nacionales” señalaba
el actual presidente del PRI César
Camacho.
Y abundaba: “Hicimos
conciencia de que debemos romper ataduras que se convirtieron en atavismos” se
ensancharon los espacios de participación de jóvenes y mujeres; se trabajó en
“hacer un PRI más vigilante de sus militantes convertidos en autoridades para
exigirles un desempeño apegado a la legalidad”
sin perder en ningún momento de vista las aspiraciones de justicia
social, de un programa nacionalista y democrático, que permitirá al PRI “ser un
partido programático no pragmático”
Muchos momentos, muchas
etapas, una nueva dio inicio con la XII Asamblea Nacional, al definir el perfil
que se requiere en el contexto actual, al fijar una posición clara en relación
a la convivencia democrática y al
encarar con definiciones la nueva realidad del México de hoy.
La historia se sigue
escribiendo.
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