EL 17 de mayo de 2013 conmemoramos el
150 aniversario del Sitio de Puebla, que representa un paso emblemático en
nuestra historia: El inicio y afirmación de un proceso que nos encaminó y
consolidó como nación independiente y dio origen a la formación Estado
mexicano.
Apenas habían transcurrido unos meses
del triunfo de las armas mexicanas sobre los invasores franceses, cuando la
muerte sorprendió al general Ignacio Zaragoza, el 8 de septiembre de 1862. Ante
ello, el presidente Benito Juárez designó al General Jesús González Ortega como
nuevo comandante en jefe del Ejército de Oriente.
Después del 5 de mayo de 1862, las
fuerzas francesas se repliegan hacia Veracruz para preparar una segunda
incursión en territorio mexicano; a la vez que solicitaba a París el envío de
refuerzos; dos divisiones al mando del general en jefe Élie-Frédéric Forey,
designado para sustituir al Conde de Lorencez, con un total de 28 mil
efectivos. Las divisiones francesas, a su vez, eran dirigidas por Charles Abel
Douay y por François Achille Bazaine. A este ejército se agregaron 7,000
mexicanos comandados por los generales conservadores Juan Nepomuceno Almonte y
Leonardo Márquez, se pusieron en marcha hacia a Puebla a principios de marzo de
1863, con 56 cañones y una reserva de 2,400, 000 cartuchos para las armas
portátiles.
El alto mando del Ejército de Oriente
había definido un plan de defensa basado en la construcción de un sistema de
fuertes, la fortificación de cuatro zonas de manzanas en el casco urbano y el
cerro de San Juan, agregar redientes y parapetos, así como líneas interiores
apoyadas en edificios o templos. A los fuertes de Loreto y Guadalupe se
agregaron los de Santa Anita (también conocido como El Demócrata), San Xavier o
Iturbide, El Carmen o Hidalgo, La Garita de Totimehuacán o Ingenieros, la
iglesia de los Remedios o Zaragoza, La Misericordia o Independencia, el fortín
del Señor de los Trabajos y la línea de Redientes del Parral o Morelos
Para marzo de 1863, Puebla era “la
plaza mejor defendida de México”. Con una población de 80,000 habitantes,
contaba con una guarnición de 21,000 soldados, 170 cañones y 18,000 mil armas
portátiles. Las fuerzas estarían dirigidas por algunos de los generales
juaristas de mayor prestigio, como Felipe Berriozábal, Miguel Negrete, Porfirio
Díaz, Tomás O’Horán y el italiano Luis Ghilardi.
Así comienza el asedio nuevamente de
los franceses y el holocausto glorioso del sitio de Puebla.
62 días de resistencia histórica ,en
los que los franceses se encontraron con la fe legítima de los habitantes de
una República libre y soberana que combatió hasta el fin para hacer valer los
derechos de su libre autodeterminación.
La batalla se convirtió entonces en
una cruenta lucha calle por calle, “cuadra por cuadra, casa por casa, piso por
piso, cuarto por cuarto, y por eso, porque muchas veces el enemigo estaba del
otro lado de la calle y se disparaba de una puerta a otra, de una ventana a
otra, se quedaban los cuerpos de los que habían muerto a mitad de la calle”, lo
que corrompió el aire y las fuentes de agua de la ciudad. Casi todos los
edificios de la ciudad quedaron destruidos. En vista de la resistencia
presentada por los mexicanos, a mediados de abril el alto mando francés realizó
un Consejo de Guerra en el que se planteó suspender las hostilidades y
dirigirse directamente hacia a la Ciudad de México; sin embargo, como uno de
los objetivos del asedio era “cobrarse” la derrota del 5 de mayo, Forey decidió
mantener el sitio a toda costa. Los defensores empezaron a padecer hambre, lo que
sucedió aparejado con la escasez de municiones.
El 8 de mayo, tres divisiones
mexicanas que conformaban el Ejército del Centro, comandadas por Ignacio
Comonfort, intentaron romper el sitio para reaprovisionar la plaza, pero fueron
derrotadas por las fuerzas de Bazaine en la Batalla de San Lorenzo Almecatla,
en las cercanías de Cholula. Con sus efectivos diezmados y sin posibilidad de
obtener víveres ni pertrechos, González Ortega convocó a su oficialidad a un
Consejo de Guerra en el que se decidió entregar la ciudad. Finalmente, tras dos
meses de férrea y heroica resistencia, se ordenó la rendición el 17 de mayo, no
sin antes destruir todo el armamento existente y disolver simbólicamente el
Ejército de Oriente. Al entregarse prisioneros los oficiales franceses
contestaron: “El Ejército francés sabe respetar al valor; y una guarnición que
se ha conducido como la de Puebla, no merece sino nuestro respeto y
admiración”.
Cayeron prisioneros entre 8,000 y
10,000 soldados mexicanos. De ellos, unos 5,000 se pasaron (y los pasaron) a
las tropas de Leonardo Márquez; a otros 2,000 se les destinó a destruir
trincheras y barricadas, y a limpiar restos humanos y escombros para la entrada
de los franceses a la ciudad. Al resto, junto con los oficiales que se negaron
a firmar un juramento de que no tomarían las armas contra el Imperio, los
llevaron a Veracruz para embarcarlos a Francia y La Martinica. Sin embargo, en
el viaje al puerto se fugaron nueve generales, entre ellos el propio González
Ortega, Negrete, Díaz y el Coronel Mariano Escobedo, de los 22 que se
rindieron, y sólo embarcaron a 110 de los 228 oficiales capturados.
Las fuerzas francesas entraron a una
Puebla desolada y en ruinas el 19 de mayo de 1863. Sin oposición avanzaron
hasta la Ciudad de México, a donde llegaron por el oriente, el 10 de junio; por
el poniente salió el presidente Benito Juárez con toda su comitiva de gobierno,
con rumbo a San Luis Potosí, con lo que inició la huida del gobierno
republicano hacia el norte, ante el avance de las tropas invasoras.
Por la caída de Puebla, Napoleón III
otorgó a Forey el grado de mariscal de Francia y lo repatrió, quedando Bazaine
al mando de las fuerzas francesas.
La defensa fue heroica, según las
confesiones unánimes de los oficiales franceses que han declarado ante la
historia; sus episodios enorgullecen y conmueven; con ellos puede formarse un
devocionario de mexicanismo épico para preparar a las generaciones nuevas a la
comunión cívica en la República y la Patria. El juicio definitivo lo
pronunciaron Napoleón III que, ante la rendición de Metz, durante la guerra
franco-prusiana, le gritó a Bazaine: ¿Por qué no hicisteis como los mexicanos
en Puebla?
El Sitio de Puebla, el orgullo del así
llamado Primer ejercito del Mundo, tuvo lugar del 17 de marzo al 17 de mayo de
1863, fortaleció al itinerante gobierno de Juárez, y fortaleció a tal grado el
sentimiento de la nación, que la emperatriz de Francia dijo: “Las pirámides de
Egipto fueron menos difíciles de construir que lo que sería vencer a la nada
mexicana”
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