En México como cada año, festejamos el 10 de mayo como el día de las
Madres, que tuvo su origen en Estados Unidos en 1905 y en México la
convocatoria inicial corrió a cargo del periodista Rafael Alducin en 1922.
A propósito de esta fecha el INEGI publicó información para dar a conocer
la situación de las mujeres-madres en México, en este estudio encontramos que
si bien la tasa de fecundidad se vio reducida de 7 hijas/os en 1960 a 2.4 en
2009, asociado a la instrumentación de una política de población en la segunda
mitad de la década de los 70as, al acceso de servicios de planificación
familiar, a cambios en el orden socioeconómico, que permitió mayor escolaridad
e las mujeres y una participación económica, social y política más activa;
persiste la preocupación por las tasas de mortalidad materna. La Organización
Mundial de la Salud (OMS señala que “cada día mueren en todo el mundo unas 800
mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto y prácticamente
todas estas muertes se produjeron en países de ingresos bajos y la mayoría de
ellas podrían haberse evitado”(Abril,2013), por ello el establecimiento en los
Objetivos del Milenio, a establecer una serie de metas para reducir entre
1990-2015 la mortalidad materna tres cuartas partes y lograr el acceso
universal a la salud reproductiva.
En México 7 de cada 10 mujeres de 15
años y más son madres (71.6%) y un tema que requiere la mayor atención de una
política pública específica, es el embarazo adolescente; del total de
adolescentes sexualmente activos, 14.7% de los hombres y 33.4% de las mujeres,
no utilizaron ningún método anticonceptivo en su primera relación sexual
(Encuesta de Salud y Nutrición, 2012) INEGI señala que 13.6 de nacimientos son de adolescentes
de entre 15 y 19 años (Dato del 2009). A lo anterior debemos sumar que las
mujeres unidas que tienen a su primer hijo en la adolescencia (15 a 19 años)
experimentan mayor violencia de su última pareja (49.7%) que aquellas que lo
tuvieron a mayor edad (45.6 por ciento).
La incorporación al mercado del trabajo de las mujeres-
madres también es una realidad en México, como lo sigue siendo también, la
tradición de que en las mujeres recaiga la crianza de los hijos/as y las tareas
asociadas a las labores domésticas. Siete de cada diez mujeres trabajan o
buscan un trabajo.
Su aportación a la economía en México se clarifica con
los datos proporcionados por INEGI “La composición de la población
económicamente activa de las mujeres con hijos indica que la mayoría (96.3%)
participa en la producción de bienes y servicios (población ocupada), en tanto
que 3.7% restante están desocupadas; y
la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el segundo trimestre de
2012, señala que la tasa de participación económica de las mujeres de 15 años y
más con al menos un hijo nacido vivo es de 44.1%, de las cuales, 97.9% combina
sus actividades extra-domésticas con los quehaceres domésticos. Atendiendo a su situación conyugal, la tasa de
participación económica más alta se da entre las madres solteras (71.8%),
divorciadas (71.7%) y separadas (68.3%).
Si los costos sociales y económicos de la violencia
contra la mujer son enormes y repercuten en toda la sociedad, la Encuesta Nacional
sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2011) señala que
45.7% del total de mujeres unidas (casadas o en unión libre) de 15 años y más
con hijos refirió haber padecido algún tipo de violencia, prevalece más la
emocional (89.2%) la cual consiste en insultos, amenazas, humillaciones y otras
ofensas de tipo psicológico o emocional; le sigue la violencia económica (56.8
por ciento); la violencia física (26.3%) que tiene que ver con empujones,
jalones, golpes, agresión con armas, entre otras, y la violencia sexual (12 por
ciento).
También, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política
de Desarrollo Social (CONEVAL) estima que en 2010, de las mujeres 12 años y más
que declararon tener al menos un hijo sobreviviente y con una situación
conyugal de no unión, 45.9% se encuentra en situación de pobreza
multidimensional y de éstas 20.2% presentan pobreza extrema.
A todo lo anterior se suma, las historias conocidas que
se repiten en la vida de las mujeres-madres. Las mujeres que somos madres y
trabajamos fuera de casa nos sentimos culpables por pasar poco tiempo con
nuestros hijos/as. Esta combinación que implica del mayor
esfuerzo y compromiso, preocupa a las mujeres en la medida de que si ésta,
pudiera ser perjudicial en el desarrollo de nuestros hijas/os.
Para ello retomo el estudio publicado de la autoría de Rachel Lucas
Thompson de la Universidad de Macalester (Minessota, EEUU, 2011) que sostiene que
los hijos de madres trabajadoras obtuvieron mejores calificaciones y padecieron
menos crisis de ansiedad que los niñ@s de madres dedicadas al trabajo en sus
hogares.
Ratificado por Anne McMunn (University College, Londres, 2011) desmitifica los
efectos nocivos que tiene el trabajo de los padres y madres sobre los hijos “el
tiempo de dedicación a los hijos puede ser escaso de calidad o extenso, pero
sin prestarles atención” y esto último es lo que puede generar problemas
psicológicos o funcionales.
Según este estudio, las madres que trabajan fuera de casa priman el tiempo
de calidad y lo compensan durante el fin de semana, de forma que ese tiempo
difiere poco, entre ellas y las que son exclusivamente
“amas de casa”. “El promedio está en 11 minutos diarios por hijo menor de 17
años en el caso de las madres que trabajan fuera del hogar, solo un minuto por
debajo del que les dedican las amas de casa sin ocupación externa”. Este
resultado se asemeja al que obtuvo la socióloga Suzanne M. Bianchi en un
estudio del año 2000 donde señalaba que, a pesar del crecimiento de las tasas
de empleo de las madres en EU, el tiempo dedicado a los hijos se mantenía
estable.
Por supuesto estos estudios plantean la urgencia de una mayor implicación
paterna que soluciona el conflicto que genera la jornada laboral para las
mujeres “eso de que los hombres no están
preparados biológicamente para criar a un niño es un “cuento chino”. Lo único
que no podemos hacer es parir y amamantar” dice el Dr. Jesús Palacio de la
Universidad de Sevilla, para defender la implicación de los padres en la
crianza de los hijos. Y recuerda que los niños pueden desarrollarse
adecuadamente en circunstancias muy diversas “Los bebés necesitan mucha
estabilidad durante los primeros seis meses. Lo más importante es que crezcan
en una familia. No importa de qué tipo sea: una madre sola, un hogar en el que
ninguno trabaja o una pareja en la que los dos estén empleados y se turnan en
los cuidado. Solo necesitan personas estables para crear un vínculo de apego”.
Como vemos, muchos pendientes todavía, pero para quienes somos madres-trabajadoras
nos servirá conocer que, las madres trabajadoras y las “amas de casa” dedican
tiempos parecidos a los hij@s; que las trabajadoras privilegiamos el
manejo de tiempos de calidad; que no hay relación significativa entre el
trabajo y el tiempo dedicado a los hij@s; y, fundamentalmente que las
mujeres tenemos que aprender a delegar en los padres la crianza de los hij@s.
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