La semana anterior,
en Cámara de Diputad@s, se llevó a cabo un Conversatorio con Alda Facio, convocado por
la Comisión de Igualdad de Género, ONU Mujeres, Jass y el Instituto Nacional de
las Mujeres.
Quien no ha escuchado
en distintos momentos “Cuando el género suena, cambios trae” pues es el nombre
del libro de la autoría de Alda Facio, jurista, escritora, feminista y una de
las más importantes expertas internacionales en asuntos de género y derechos
humanos de las mujeres.
Su aportación
incluye ser pionera y líder en América Latina
de la teoría y metodología para el análisis y la práctica jurídica con
perspectiva de género, que ha sido base fundamental para la aplicación y
comprensión del análisis de género del fenómeno social y ha sido usado por
ministras/os, abogadas/os, legisladoras/es de varios países.
De ahí justamente
la importancia de su presencia en el espacio hacedor de leyes; ya que analiza
desde la perspectiva de género el fenómeno legal.
En su teoría sostiene,
que las leyes no pueden ser neutrales, y presenta los elementos metodológicos
que deben tomarse en cuenta para su elaboración, -componente formal normativo,
componente estructural, componente político-cultural- que nos permita identificar
los posibles impactos diferenciados que tiene una norma cuando de su aplicación
se trata, en mujeres y en hombres; a partir de que son justamente las normas,
las herramientas fundamentales que garantizan y protegen los derechos humanos
de todas las personas.
En México, como en
otros países de América Latina, en la formulación de las leyes hay una gran
carga de androcentrismo y de sobre generalización, lo que sin duda obstaculiza
el acceso a bienes jurídicamente tutelados, y esto afecta en mayor medida a las
mujeres.
Un ejemplo
dramático y muy concreto que retomo de Alda Facio para explicar su teoría y que
quiero compartir con Ustedes, tiene que ver con los distintos resultados que pueden
dar estas visiones o perspectivas en las regulaciones y leyes sobre aborto:
Para los hombres,
el problema del aborto es un problema abstracto, de protección a una vida
abstracta, porque los hombres nunca tendrán que enfrentar un aborto desde su
propio cuerpo. Para las mujeres en cambio, el problema del aborto es un
problema concreto, que millones de mujeres han debido enfrentar no sólo en el
plano intelectual, sino en su propio cuerpo.
En nuestras
sociedades -señala Alda Facio- el aborto se ha enfrentado desde la perspectiva
del hombre/varón únicamente, como un problema ético-abstracto cuya preocupación
se centra en la protección de la vida intrauterina. Desde ésta perspectiva no se toma en cuenta
la vida de la mujer, ni la calidad de vida
de los seres involucrados, aunque cada mujer que acude a un aborto
clandestino o que se lo practica ella misma, pueda morir en cualquier momento;
de manera que desde la perspectiva tradicional, se dice que las mujeres se
ponen en riesgo “voluntariamente” de ahí que la vida de las mujeres, no tiene porqué ser protegida.
Este ejemplo visto
desde una perspectiva de género nos permitiría visualizar, que la inmensa
mayoría de las mujeres enfrentan un aborto, cuando no tienen otro remedio y lo
enfrentan sabiendo que pueden morir, de ahí que no es ético ni práctico
penalizar el aborto para proteger la “vida intrauterina” porque penalizado o
no, millones de mujeres acuden a esta trágica solución a un problema concreto,
y millones también han muerto. Por eso, -dice la jurista- la penalización, ni
es práctica, porque no protege la vida intrauterina; ni es ética, porque causa
millones de muertes.
Con ello la jurista
pretende demostrar, no que la solución única sea despenalizar el aborto, sino que
desde la perspectiva de la mujer, -perteneciente a un género subordinado- este
problema es mucho más complejo que la preocupación de la vida intrauterina; que
tiene muchas más implicaciones, y que si se analizara desde esta perspectiva,
en vez de analizarse solamente desde la tradicional, que se pronuncia por la
vida en abstracto, tal vez ya habríamos encontrado una solución a las miles de
muertes de mujeres en abortos clandestinos y la consecuente desprotección de
esa vida intrauterina que tanto desea protegerse.
Así desde esta
perspectiva de género se tendría que analizar no sólo el valor de la “vida” en
abstracto, sino al mismo tiempo: la
imposibilidad de encontrar empleo estando embarazada, o, el despido por
embarazo; la falta de centros de cuidado
infantil; la soledad en que millones de mujeres
enfrentan la maternidad; los métodos
anticonceptivos peligrosos y prohibidos por la Iglesia católica; la violación
marital; el abuso sexual incestuoso; las/os niños/as de la calle y hasta, los
costos de los pañales, la leche, las enfermedades infantiles, la educación y
otros tantos factores, que si fuesen resueltos por la sociedad en su conjunto,
en lugar de dejarlo en manos de las madres, podría ser ético que la sociedad
decidiera penalizar el aborto.
Sin duda y
coincido, una enorme responsabilidad de los hacedores de leyes porque en
efecto, no pueden ser neutrales, tienen implicaciones diferentes para los
hombres, que para las mujeres; de ahí que sería muy bueno para las/os legisladoras/es de todo el país, y para aquellos hombres y
mujeres que en un futuro deseen ocupar esta posición, acercarse a las lecturas
de Alda Facio para comprender por qué las leyes no deben ser neutrales.
Fuente: FACIO, Alda. Cuando el género suena, cambios trae. Una metodología para el análisis
de género del fenómeno legal. ILANUD, 1991
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