Por: Rocio Garcia Olmedo
En unos días se cumplen, apenas, 60 años de la
obtención del voto femenino en México, momento propicio, para hacer los balances
de lo que este acontecimiento ha significado para la vida política de las
mujeres, y de la sociedad en su conjunto; y un rescate de los antecedentes de
la contienda femenina por la ciudadanía en nuestro país que pueden ser
rastreados tan atrás, como el año de 1853, cuando un grupo de mujeres
zacatecanas solicitó que se les otorgara esa calidad, o en Puebla, cuyos
antecedentes de la lucha por el voto de las mujeres se remontan a
1936, año en que se pudo hacer una modificación a la ley y se obtuvo el
derecho al sufragio en las elecciones locales, que ocurrió también en otros
estados del país, pero que después de aquellas elecciones no volvió a darse
otro avance, en los hechos, es decir se clausuró este proceso.
De ahí que esta demanda por el voto continuó en
diversos escenarios y con variadas protagonistas hasta lograr su reconocimiento
justamente un 17 de octubre de 1953. Muchos años de lucha, sentaron las bases
para la incorporación de más de la mitad de la población a la vida cívica y a
los procesos políticos de México.
Con este mismo propósito, entra en vigor la
reforma que permitía elevar constitucionalmente la igualdad entre hombres y
mujeres. Y sin embargo este acontecimiento ¿Qué ha significado en la vida
política de las mujeres, y de la sociedad en su conjunto? A 60 años ¿Estas
medidas legislativas se han traducido en situaciones reales de igualdad?
Las
mujeres representamos el 51.7 del padrón electoral y el 51.95 de la Lista
Nominal, Aún cuando a participación activa de las mujeres refleja un crecimiento,
que demuestra que se avanza en el respeto, la garantía y la aceptación de que
las mujeres ejerzan su ciudadanía con efectividad; los datos reflejan que en el
ámbito de lo público sólo 23 mujeres hasta finales del 2011, han alcanzado en
la administración pública cargos de Secretarias de Estado. Sólo 5 mujeres han
sido candidatas a la Presidencia de la República –aunque sólo 1 ha sido
postulada por uno de los tres partidos políticos más importantes del país- En
el Poder Legislativo la presencia de mujeres ha variado del 6% en la XII
Legislatura (1952-1955) para la LXI se tenía un 28% (2009-2012) porcentaje que
disminuyó por la presencia del fenómeno “juanitas” donde diez mujeres
solicitaron licencia ocupando sus curules sus suplentes varones. Actualmente
hay 187 mujeres (37.4%) logro, que se debe al Resolutivo del Tribunal Electoral
del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que obligó a los partidos políticos
a cumplir con la cuota establecida en el COFIPE de mujeres (60-40), la
sentencia emitida por la Sala Superior, fue contundente, los partidos políticos
-no de muy buen agrado- tuvieron que postular mujeres y cumplir así con la
sentencia.
De
manera que aún cuando el crecimiento ha sido paulatino y mayor, no ha sido
constante en Cámara de Diputadas/os.
En la Cámara de
Senadores/as ha sido más constante entre una y otra Legislatura. De 3.4% en
1964, a 22.77% en 2011, actualmente hay 44 mujeres Senadoras
En 1993 el Código Federal de Instituciones y
Procedimientos Electorales (COFIPE) recomendaba garantizar una mayor
participación política de las mujeres, fue hasta 2008 cuando se establece la
obligatoriedad de postular no más del 60% de candidaturas del mismo sexo en
cargos de diputaciones y senadurías.
Si nos remitimos a las entidades federativas, sólo seis
han sido gobernadas por mujeres, actualmente ningún estado de la República es
gobernado por una mujer. Respecto de diputaciones locales se ha aumentado del
9.6% en 1991 a 23.6% en 2011. Pero en el ámbito municipal se presentan los
mayores obstáculos, de los 2440 municipios y 16 delegaciones, sólo 156 los
preside una mujer (6.8%) y en 25 años, las presidencias municipales encabezadas
por mujeres han tenido un incremento del 3%.
Así sigue siendo
indispensable ese proceso de concientización que permita incorporar referencias
expresas en las legislaciones federales y locales, respecto a la igualdad de
oportunidades y trato equivalente en los partidos políticos. Se tiene que
alcanzar la equiparación de las condiciones de partida de las mujeres postuladas
en los procesos de selección de candidaturas, respecto a las que tienen los
hombres en estos procesos. Tener el mismo trato, implica considerar las
diferencias y desigualdades que se presentan, se trata de dar un trato
diferencial a hombres y mujeres en los partidos políticos, para eliminar esas desventajas
de inicio. Solo de esa manera lograremos la igualdad de resultados que permita
gozar todos/as y ejercer nuestros derechos; de manera que necesario eliminar
cualquier distinción, exclusión, o restricción basada en el sexo que pueda
anular el goce y ejercicio de derechos sin discriminaciones y con oportunidades
y trato que favorezca tal ejercicio (Garcia, PNUD, 2009).
Correo electrónico: rociog@prodigy.net.mx
Tuiter: @rgolmedo
Facebook: Palabra de Mujer Atlixco
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